La función social de un Troll

Yo lo sé, tú lo sabes. Soy un troll, siempre lo he sido y supongo que a estas alturas de la partida no voy a cambiar… ¡aunque quién sabe!

Quizá esta no esa una de las cosas que la gente dice abiertamente, ya que muchas veces se usa como un calificativo peyorativo. Pueden sacarnos de nuestras casillas y hacer replantearnos la moralidad del asesinato, pero lo cierto es que yo no lo veo de esa forma. Un troll no tiene por qué ser el estereotipo de niñato insoportable que, carente de vida, se dedica a tirar mierda a todo el que comenta el más mínimo error, intentando hacer el mayor daño y causando cuanta más bronca mejor. No. Esa persona a lo mejor es un troll, pero el problema es que, además de troll, es imbécil.

Realmente no tengo esta pinta pero…

Yo creo que los trolles cumplimos con una función muy importante en la socidad: recordar que la mierda huele. Os pongo un ejemplo para explicarme mejor. Supongamos que todos sabemos que existe el problema “x”. Todos estamos de acuerdo en que “x” es un problema y que, como todos los problemas, debería ser solucionado, pues genera unos gastos/molestias/llámalo-como-quieras “y”. Lo que ocurre es que, al igual que todos sabemos de la existencia de “x”, también sabemos que solucionarlo tiene un coste “y^2” y claro, no nos salen las cuentas… así que ese problema tiene la prioridad más baja en nuestra lista de “cosas que me importan una mierda”.

Bueno, yo soy la persona que cada vez que se encuentre con “x”, te va a recordar que esa mierda huele. No voy a estar recordándotelo cada 5 minutos… pero sí cada vez que me encuentre el problema. La mayor parte de la gente no lo hará, porque sabe que no puedes hacer nada para solucionarlo. Yo creo que sí puedes, pero no te da la gana porque el coste de solucionarlo es mayor que el de tener el problema. ¿Qué consigo recordándotelo? Aumentar el coste de tener el problema… lo que efectivamente hace que el coste de solucionarlo baje.

Hay gente que dirá que no hace falta ser troll para recordar los problemas, y seguramente tengan razón. Hay muchas maneras de decir las cosas. Yo suelo usar la ironía y prefiero meter un poco de caña. Hay gente que se lo toma con humor, otros hacen oídos sordos y siempre hay alguno que saca brillo al diccionario con su repertorio de improperios. Sí, podría decir las cosas de otro modo pero… ¿si el que ha metido la pata eres tú, no soy yo el que tiene derecho a quejarse? Y digo quejarse, no hacer leña del árbol caído eh! Una cosa es trolear con los pequeños problemas y otra muy distinta recrearse en el sufrimiento ajeno o buscar el fracaso de los demás.

¿Recordáis a esa gente que tocaba los huevos pidiendo menús vegetarianos o celiacos? Pues ellos también fueron trolles en su momento. Como la gente que pide cambiadores en los baños públicos (que por cierto, ya va siendo hora…) y demás batallas que la gente soluciona con un “bueno, pero qué quieres que hagan?” Joder, pues que lo arreglen…

Así que ya sabéis, la próxima vez que un troll os toque los huevos, paraos a pensar si es un imbécil o si simplemente te está recordando que tu mierda, también huele ;)

About the Author

Me llamo Pablo Carballude González, soy graduado en computación con master en HCI y Seguridad Informática. Actualmente trabajo para Amazon en Seattle como Software Developer Engineer. Soy de esas personas que no saben si los textos autobiográficos deben ser en primera o tercera persona. Lo intenté en segunda, pero no le entendí nada :P